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miércoles, 4 de mayo de 2016

Geografía, Historia, o todo lo contrario. Ideas para una posible redefinición del currículum ESO.

Durante los últimos años la educación se encuentra en una inestabilidad legislativa que está a un paso de convertirse en un elemento del currículo más; no descubro nada. Cada legislatura, últimamente casi cada año, estamos pendientes de noticias relativas a borradores, trámites parlamentarios, debates políticos, búsquedas de consensos y esperas interminables a procesos electorales. En este momento, para ser exactos, se anuncia en Extremadura, desde donde escribo, que se va a publicar un nuevo decreto autonómico que reforma el aprobado el año pasado. Sí, el año pasado.

Menuda trayectoria, y sin terminar.
Fuente: http://hugopedago.blogspot.com.es/2015/10/legislacion-educativa-en-espana-hasta.html

Sin embargo, los cambios de fondo en la legislación educativa se basan más en titulares de periódicos que en mutaciones reales en la práctica diaria de los docentes, ya saben: ética o religión, la materia de ciudadanía y un largo etcétera que, siendo relevante, no es esencial en muchos casos. No lo es porque al final, entre otras muchas razones, los contenidos que se imparten en cada curso permanecen inalterables, y con ellos, todos los demás elementos del currículum en los que los cambios, cuando los hay, no son más que un mero maquillaje. Tan es así que las editoriales educativas, "forzadas" a cambiar sus ediciones con cada novedad en las leyes, modifican esencialmente la presentación de sus nuevas ediciones, todo aquello que es visual, mientras que las unidades didácticas continúan en el mismo orden y sin cambios de profundidad.

Pues bien, por qué no aprovechar nuestra inveterada fluidez legal para plantearse cuestiones, a mi modo de ver, de mayor calado como la distribución de los contenidos por ciclos, por ejemplo. En mi materia, Geografía e Historia, la situación no ha cambiado a pesar de las tres últimas leyes educativas aprobadas:

  • En 1º ESO se imparten los contenidos de Prehistoria, más algunas unidades de Geografía que o bien ya se impartieron en Primaria, o bien coinciden casi punto por punto con el temario de Ciencias Naturales.
  • En 2º ESO se imparte toda la Edad Media, Renacimiento y Barroco, más cuatro unidades de Geografía, aproximadamente, que tratando contenidos nuevos para los alumnos, son imposibles de trabajar por lo inacabable de la parte de Historia. Tan extenso es este currículum que se plantea la posibilidad de que este curso cuente con una hora más a la semana a partir del próximo septiembre.
  • En 3º ESO sólo se trabaja Geografía, y suele ser común que se transforme en un curso comodín, para poder abordar todos los contenidos de esta materia que, por falta de tiempo, no se trabajaron en el primer ciclo de la ESO, lo que motiva que a veces los contenidos propios de este año queden pendientes.
  • En 4º ESO se trabaja desde finales del siglo XVIII hasta casi la actualidad, con un nivel de detalle y profundidad tal que cuesta trabajo diferenciar entre este curso y 1º Bachillerato.

Yo creo que una organización diferente podría llevarse a cabo sin demasiados problemas, destacando en primer lugar que los cambios serían gratis. Para empezar, podría pensarse en un reparto más equitativo de los años entre las dos materias, a saber: dos cursos de Geografía y dos de Historia. Soy licenciado en Historia, y pido perdón por adelantado porque sigo pensando que la Historia es la reina de las Humanidades, pero esta distribución alternativa me parece más adecuada para los alumnos y su formación. Insisto que ahora mismo, en la práctica, Geografía sólo se trabaja un curso, y deprisa. Mientras en Historia, reconozcámoslo, nos deleitamos en detalles que a veces nos cuesta justificar cuándo recibimos la típica pregunta de "y esto para qué sirve". Explicamos cada uno de los productos agrícolas de todas las etapas históricas al hablar de la economía, cuando en España, por ejemplo, las modificaciones en este aspecto son escasas: los mundos mediterráneos y atlántico se han mantenido en esencia sin modificaciones reseñables (el aceite en la antigua Bética, el cereal de secano en el interior, la vid, etc.) salvo en etapas muy concretas: el regadío musulmán, la introducción del maíz y la patata... Y sin embargo, ahí seguimos, hablando de la trilogía mediterránea, en 2º ESO por ejemplo... ¿cuántas veces? 

Imagen del departamento de CC.SS. del IES Comercio (Logroño).
(http://iescomercio.com/aula/course/view.php?id=32)
Además, me gustaría plantear que los dos cursos de Geografía se impartieran en el primer ciclo de la ESO. Sí, un ciclo por cada materia, empezando por Geografía. No es por capricho: es muy difícil que un alumno de 1º ESO entienda de verdad lo que suponen millones de años de historia, sin olvidar el salto conceptual entre su rutina diaria y la del Paleolítico, por mucha y buena metodología que empleemos. Su capacidad para entender el tiempo histórico, el no vivido, aquel que no se puede medir según referencias de su entorno, sencillamente está por desarrollarse. Vaya por delante que no soy un experto en teoría pedagógica, pero hasta donde sé, y como resultado de mi experiencia, creo que en Geografía se puede trabajar con facilidad de lo particular a lo general, mientras que el concepto de espacio es dominado con más soltura que el de tiempo, incluso el no vivido, aquel en el que el alumno no se desenvuelve en su día a día. No hay que olvidar además, que los alumnos de nuestras clases tienen un concepto de espacio diferente al que podían tener cuando todas estas teorías pedagógicas tuvieron su definición: con carácter general, los alumnos viajan más, y tienen una facilidad pasmosa para ver, en tiempo real, qué sucede en cualquier parte del globo, no hay que explicar por qué ni cómo.

Item más. Estoy categóricamente en contra de los localismos, aquello de que como en mi pueblo no se vive en ningún sitio, o el mejor cocido se hace donde yo vivo, o como el paisaje de mi tierra no hay otro igual. Creo que saben de qué hablo. Sin embargo, y en lo relativo a los contenidos de Historia, no comparto del todo la relevancia que se le da a según qué unidades. En la actualidad trabajo en Plasencia, y mis alumnos conocen con minuciosidad cómo funcionaban los feudos a orillas del Elba, y sin embargo no saben ni sabrán qué eran las comunidades de villa y tierra, y no van a oír hablar del Sexmo de Plasencia en toda la ESO. Ni en Bachillerato, ya que estamos, donde se entiende con dificultad qué era eso de las jurisdicciones de señorío o las propiedades de manos muertas. Desde luego, yo podría dedicarle tiempo a este tipo de cuestiones, pero sería a costa de otros contenidos que, legalmente, estoy obligado a impartir en cursos que, insisto, están sobrecargados de contenidos. 

¿Cómo estructurar entonces la temporalización de la materia de Historia en dos cursos? En mi opinión, el segundo ciclo cuenta con seis evaluaciones que podrían distribuirse de la siguiente manera: un trimestre para prehistoria, edad antigua, edad media y edad moderna, y dos para la edad contemporánea. 

Podría extenderme explicando por qué, siempre desde mi punto de vista, este enfoque favorece el tan de actualidad trabajo por competencias, o cómo el primer bloque de Geografía podría ir preparando el siguiente, entendiendo que Geografía e Historia son campos de conocimiento complementarios, y no bloques separados tal y como se estructura en nuestros días. También, y asumiendo una (¿lenta?) evolución en la metodología, favorece la implementación del Trabajo por Proyectos y el Flipped Classroom, sencillamente por la continuidad de cada ciclo entendido como bloque. Por no hablar de cómo se evitan intermitencias conceptuales y saltos temporales. Creo incluso que aunque se trabajara en clase "como toda la vida", los alumnos saldrían ganando sin que los docentes no tuviéramos que hacer más que algunos ajustes de programación, porque enseñaríamos lo mismo, pero en momentos diferentes. 

Entonces, ¿sería conveniente un redefinición de los contenidos de la ESO en la materia de Ciencias Sociales? ¿Estoy equivocado del todo y es mejor dejarlo como está? ¿O implementar cambios menos drásticos? ¿Hay algún otro aspecto relevante que se me escape? Me interesa vuestra opinión, la verdad.

lunes, 5 de octubre de 2015

Como docente, no me gusta Facebook.


Me parece innecesario hablar de la relevancia de Facebook y de la significación que tiene en nuestros días, 1500 millones de cuentas por todo el mundo resultan algo más que una evidencia. ¿Qué marca, compañía o personalidad relevante no tiene una cuenta en esta red social? Sin embargo, y a pesar de tener no una, sino dos cuentas, Facebook no me convence como docente.

Soy usuario intensivo de las redes sociales, aunque no en el ámbito personal. Lo fui, y como muchos comencé con Tuenti, hoy en franco retroceso, pero me cansaba ver los muros de los demás, sus comidas familiares, sus reuniones con amigos, sus viajes, los libros leídos, etc. Acabé por no verle demasiado sentido, por aburrirme para ser sincero. Siempre olvidaba publicar mis "novedades". Y es cierto que te permite no perder el contacto con amistades pasadas, pero... 


Como digo, soy usuario intensivo de las redes sociales, pero en el ámbito profesional. De Twitter y de Google+, para ser exacto. Y me han sido de gran provecho, sin ninguna duda, por haberme permitido entrar en contacto con compañeros que llevan a cabo proyectos e iniciativas realmente notables que, de otra forma, me habrían pasado desapercibidos por completo. Las redes sociales hacen posible el compartir, comentar o difundir, en el ámbito educativo casi siempre de manera generosa y desinteresada, iniciativas, ideas y proyectos valiosos. Gracias a las redes sociales soy, creo, mejor profesor.

Bien, entonces, ¿por qué no Facebook? Los mismos compañeros que sigo en Twitter y Google+ también publican en Facebook, que además es el canal que mayor tráfico tiene. Pues precisamente por esto, porque en Facebook hay demasiado "ruido", demasiada información que dificulta el objetivo que busco en las redes. 

Trataré de explicarme más claramente. Parece ser bastante habitual tener una cuenta en Facebook, tanto para lo personal como para la docencia, si se diera el caso, lo que provoca que junto a la noticia compartida de un periódico sobre educación, por ejemplo, se encuentre el primer diente que se ha caído a nuestro hijo, la estupenda tarde de sábado en el pueblo o la victoria de nuestro equipo de fútbol. No quiero parecer desagradable, pero no estoy interesado -tampoco podría- en conocer las novedades personales de varios cientos de personas que igual sólo conozco online. Así que, docente, si lees este post y utilizas Facebook para tu actividad profesional, mi consejo es que mantengas dos cuentas con temáticas bien diferenciadas. No te preocupes, se tarda apenas quince días en superar los 200 seguidores; o al menos esto me pasó a mí, para mi sorpresa, y aún sigo sin entender la facilidad con la que se sigue a completos desconocidos que, quién sabe, quizá no tenga una actividad en internet afín a la tuya. Porque, desde mi punto de vista, no se trata de tener muchos seguidores, ni de seguir tú mismo a miles de personas: para que la actividad online sea efectiva tiene que ser abarcable, y esto se consigue filtrando y seleccionando tus contactos. Y si es necesario, de vez en cuando se hace una "limpia", que a veces menos es más.


Bien, pongamos que los puntos que sugiero en el párrafo anterior se cumplen: tienes una cuenta en Facebook sólo para tu actividad docente, y un grupo no necesariamente numeroso, pero sí cualitativo de "amigos". Aún resta otro problema: Facebook se relaciona con ocio y diversión. Facebook es insuperable para estar al día de tus ídolos musicales, conseguir entradas para espectáculos, para ver vídeos graciosos y un largo etcétera. No es que como plataforma tenga desventajas con respecto a la competencia, quizá al contrario; es el uso que se hace de Facebook, su vinculación con el tiempo libre y hasta el cotilleo lo que le aleja de los principios que, al menos en mi caso, busco en las redes sociales. En otras palabras, se entra en Facebook para desconectar, no para leer sobre la última novedad metodológica, pongamos por caso.

Es por esto que otras redes sociales me parecen más efectivas. Twitter te permite seguir las novedades de los compañeros de una manera ágil y efectiva. Y Google+, el patito feo y olvidado de las redes sociales, tiene dos herramientas tremendamente útiles para un profesor con inquietudes y que trata de estar al día: las Comunidades y las Colecciones. Perteneces a la Comunidad o a la Colección porque son un foro de discusión sobre un tema en particular que te interesa, sin necesidad de conocer todos los detalles de las personas que con las que compartes este espacio. Sólo lo que te interesa. ¿Se podría hacer esto en Facebook? Sí, pero no se hace. 

Bien, esta es mi opinión, a ver qué pensáis. y que nadie se preocupe, no voy a cerrar ninguna de mis dos cuentas. Ya traté de hacerlo con la más antigua, la personal, y tengo que decir que la leyenda urbana es cierta: es imposible.

Pero como siempre, esto no es más que una opinión. Vosotros, ¿qué pensáis?

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Para qué sirve la Historia?

Comienza un nuevo curso y, una vez más, nos encontramos preguntándonos cómo serán nuestros alumnos, revisando nuestras ideas para los primeros días y, en fin, preparando clases. Este año me toca dar Historia de España en 2º de Bachillerato y, convencido de tener que afrontar la temida pregunta que todos los profesores de Ciencias Sociales recibimos en todos los cursos, al menos una vez por año, he decidido anticiparme:


¿Para qué sirve la Historia?


O dicho desde el punto de vista de un preuniversitario, ¿a mí esto para qué me vale? Mis respuestas suelen recurrir a la vocación, a la relación con lo que nos hace humanos, a la importancia de saber que quizá las formas cambien, pero el fondo de lo que sucede no. Que los seres humanos siempre buscamos lo mismo, tenemos los mismos sentimientos y nos movemos gracias a motivaciones que superan el marco de nuestra existencia. Intento evitar los tópicos que hablan de la Historia como maestra de la vida, aunque al final siempre salen a colación. Después de años afrontando este desafío, creo que mis alumnos valoran mi pasión, mi convencimiento, mis argumentaciones formalmente irreprochables... pero creo que no acabo de convencerlos del todo. 

Así las cosas, voy a probar un recurso que me aporta una ciencia tan prestigiosa en nuestros días como es la neurociencia. Nada menos. Y lo hago por medio de E. Punset. Sí, este señor, para que no haya dudas: 




Resulta que hace tiempo un buen amigo me prestó uno de sus libros, El viaje al poder de la mente (ed. Destino, Barcelona, 2010), un acercamiento ameno y accesible al mundo del cerebro y a sus estudios más recientes. Y mira por dónde, dedica varios capítulos a la memoria, relacionándola con la imaginación y la predicción del futuro (pag. 72 y ss.). Al parecer y resumiendo mucho, la memoria -y la imaginación- es un rasgo adaptativo según el cual los recuerdos son almacenados selectivamente para evitar cometer los mismos errores de nuevo. Recordar sirve al hombre, en pocas palabras, para tener éxito como superviviente en un medio hostil. No se tiene siempre esta cualidad: aparece a partir de los cuatro años, cuando se empieza a recordar -y a imaginar-, a lo que me gustaría añadir que no es hasta los 16 años, aproximadamente, cuando se tiene conciencia del tiempo más allá de la propia experiencia temporal de cada persona. No se puede preguntar a un adolescente que quiere ser de mayor, porque su horizonte temporal rara vez supera el mes hacia adelante y hacia el pasado. Lo que hace que castigos y recompensas sustentados en un "haz tal cosa porque cuando seas mayor..." tienen escaso efecto: el premio y la sanción tienen que ser más inmediatos.

Pero no me quiero desviar. Si consideramos nuestra disciplina como una suerte de memoria colectiva, cosa que es posible porque Punset contempla como cierta la existencia de un "cerebro social", la historia serviría como un repositorio de experiencias que ayudan a comprender el presente y, por extensión, a imaginar nuestro futuro. Porque según nuestro divulgador, al imaginar -y al recordar - no hacemos más que recomponer piezas del puzle de nuestra memoria. De aquí es fácil deducir que si imaginamos nuestro futuro, podríamos estar pensando en situaciones que ya hemos vivido, individual o socialmente, matizándolas con nuestra experiencias, ilusiones, deseos, etc. La futura casa del lector, por ejemplo, sería una mezcla de todas las casas que ya ha visto, interpretadas bajo su personal punto de vista. Así las cosas, ¿cómo sería la sociedad futura en la que desea vivir?

Fue esta lectura la que me llevó a tomar la descripción de este blog: el futuro será un pasado mejorado. O lo que es lo mismo, el conocimiento de la Historia y las Ciencias Sociales realmente ayudan a comprender el presente de todos y el de cada uno de manera individual, lo que es paso previo para diseñar un futuro en el que mejorar lo que ya se ha vivido.

Tras las presentaciones y primeras tomas de contacto, ¿qué os parece esta reflexión para el primer día de clase?


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P.D.: Para ser honestos, esta no es una entrada nueva. Se trata en realidad de una actualización de un post redactado justo al comienzo de este blog, que ahora presento renovado.